Las apuestas deportivas y las máquinas tragaperras compiten por convertirse en la causa principal de tratamiento en los centros de adicciones de Patim. En el último año, representan el 23% de los 455 casos atendidos, a través de sus diferentes servicios. Pero más allá de las cifras, el juego patológico genera una “gran preocupación a corto plazo” por su evolución y progresión, según los especialistas en adicciones. La ley –autonómica y estatal- establece los límites, pero desde Patim se han detectado “grietas” en las restricciones de acceso al juego que afectan a menores, exjugadores y pacientes en tratamiento por ludopatía. Una realidad, a la que se suman unos perfiles cada vez más complejos en las adicciones vinculadas a una o varias sustancias tóxicas donde, en ocasiones, también está presente el juego.

La proliferación de máquinas multijuego en los negocios de la hostelería –cafeterías, bares, restaurantes, etc- ha multiplicado la oferta que ofrecían las tradicionales tragaperras (máquinas tipo B). “Cada máquina es como si estuvieras dentro de un casino, por la cantidad inmensa de juegos distintos que oferta, basta con tocar la pantalla para saltar de un juego a otro sin moverse del sitio”, explica la asesora jurídica de Patim, Carolina de Mingo. No obstante, De Mingo pone de manifiesto la necesidad de incrementar los mecanismos de control para evitar el acceso de menores, especialmente adolescentes, a estas máquinas.

“Disponemos de la tecnología para ser más eficientes, podemos incorporar un sistema de activación-desactivación por control remoto para establecer un control similar al de las máquinas de tabaco o un reconocimiento de identidad digital, pero casi cuatro años después de la aprobación de la Ley del Juego todavía no se ha puesto en marcha este aspecto”, lamenta. Un mecanismo que también resultaría muy eficaz para proteger a las personas que se han autoprohibido el juego, bloqueando su acceso de forma automática. “Muchos de nuestros pacientes reconocen que son capaces de entrar en un salón de juego o un casino pese a tener en vigor la autoprohibición, sin muchas dificultades”, añade.

La Memoria Patim 2023 refleja que las apuestas deportivas suponen el 38,1% de los casos de juego atendidos en Patim y las máquinas tragaperras el 36,3%. Ruleta, bingo y juegos en casino representan el 14,6% del total. “El pulso entre el juego presencial y el online se mantiene en un aparente equilibrio de fuerzas que en cualquier momento puede romperse”, advierte Carolina de Mingo.

Durante el acto institucional se ha entregado el Premio Patim a la acción Social a José María Marín Sevilla y la insignia de plata de la entidad a Ángela Gómez Carrascosa. Ha actuado como mantenedor, el vicepresidente de AESED, Francisco Verdú, quien ha realizado una exposición sobre la evolución de las adicciones en la Comunitat Valenciana en los últimos 40 años.

Seis rasgos que acentúan los perfiles

Al analizar los resultados obtenidos en los dos últimos años, desde los distintos servicios de Patim se han detectado seis rasgos cuya interacción complica el tratamiento individual: policonsumo, envejecimiento de la población atendida, problemas de salud mental, ideación suicida, brecha de género y el juego online.

La cocaína como sustancia única o en combinación con otras –alcohol, heroína o incluso el juego- está presente en el 48% de los casos que han acudido a Patim. En segundo lugar, se sitúa el juego (21%) y a muy corta distancia el alcohol (18%), como causa principal del tratamiento. “Cada día es menos frecuente que alguien llegue por un problema con una sola sustancia, lo habitual es que haya varias actuando al mismo tiempo, aunque el paciente no tenga conciencia de ello, como por ejemplo con el alcohol”, explica Nerea Martínez, criminóloga y monitora en la Comunidad Terapéutica Los Granados, que Patim gestiona en Castellón.

Al analizar la edad de las personas en tratamiento, se aprecia que un 57% tiene más de 42 años y un 27% más ya ha superado los 50 años. Un dato que pone de manifiesto el progresivo envejecimiento de una parte de la población que acude a los centros de día, las viviendas de apoyo o las comunidades terapéuticas. “Tenemos que adaptar los recursos asistenciales ante la cronicidad de la adicción y el envejecimiento de la población que atendemos –apunta De Mingo- incluso sería deseable contar con el apoyo necesario para generar recursos específicos para responder a estas personas que, en muchos casos, comenzaron son supervivientes”.

El presidente de Patim, Francisco López y Segarra, reivindica un nuevo enfoque para encuadrar el tratamiento de las adicciones: el paradigma de la recuperación total. “Intervenir es lo que estamos haciendo en la actualidad. Tres meses, seis meses. En algunos casos, seguimiento. Valoramos la abstinencia. Que hayan encontrado trabajo. Pero eso, no es tratar –puntualiza- hacer un tratamiento en adicciones es un proceso mucho más largo. Es intervenir, bien en comunidad terapéutica, en centro de día, bien de forma ambulatoria. Y luego, mantener una intervención continua durante un largo periodo de tiempo, donde la persona, como sujeto activo de su rehabilitación, logre darle un nuevo sentido a la vida, sin la necesidad del bastón adictivo por el que demandó nuestra intervención”

Patim comparte la radiografía que puso en evidencia el Plan Valenciano de Salud Mental y Adicciones, presentado el pasado mes de enero por la Conselleria de Sanidad. Es el punto de partida para desplegar toda una batería de acciones ante unas cifras que resultan inquietantes. Un 35% de las personas ingresadas en Patim tenía un diagnóstico de patología dual y en las terapias individuales y grupales –de los centros de día y la comunidad terapéutica- se ha revelado que el 80% de los pacientes reconoce que han tenido episodios de ideación suicida.

En cuanto a la presencia de mujeres en los centros de tratamiento de adicciones, se mantiene la brecha de género detectada hace varios años. Patim, que cuenta con dos servicios específicos para mujeres con adicciones, ha registrado una cifra muy similar al año anterior, 129 mujeres han acudido a sus servicios, lo que supone un 28% del total de personas atendidas. “Aunque pueda parecer un porcentaje muy pequeño, seguimos avanzando cada día para romper todas las barreras heredadas que bloquean, impiden o condicionan el acceso de las mujeres, muchas de ellas madres, a los recursos asistenciales o residenciales en adicciones”, concluye Nerea Martínez.

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